23 mar. 2008

Betania y Chao Phya, Hermanos de Tragedia

Con unos días de diferencia, sucedieron sendos desastres piscícolas en dos naciones antípodas, digamos que además gemelas, en lo que tienen que ver con sus posibilidades económicas, sus recursos naturales, clima, etc, mas no en su desarrollo. Tanto en Tailandia, como en Colombia hubo mortalidades masivas de peces en jaulas. En Colombia, el suceso ha trascendido las fronteras y medio mundo sabe de una mortalidad de peces por encima de las 1,500 toneladas (se hablan ya de 2,300) con un valor en el mercado de más de 7,000 millones de pesos o sea más de 3 millones de dólares.

En Tailandia 100,000 peces de 1,000 pequeñas jaulas en el distrito de Pa Moke en Angthong a orillas del río Chao Phya murieron por causas hasta ahora no bien determinadas, produciendo pérdidas por más de 20 millones de bahts (570 mil dólares, 1250 millones de pesos). En primera instancia se dice que la mortalidad es la consecuencia del hundimiento el 3 de Marzo, de una barcaza con 650 toneladas de azúcar, que ocasionó una baja intempestiva de oxígeno, pero también se estan investigando los vertimientos de las fábricas ribereñas, para hallar las causas concluyentes.

Lo de la represa de Betania, en Colombia, al sur del país obedeció, según las primeras informaciones, a una conjugación de varios factores que produjeron una baja de oxígeno repentina: el aparente deshielo del nevado del Huila, que arrojó sedimentos al río que finalmente desembocaron en la represa, y la baja del nivel de la misma por demanda de energía.

En ambos casos estamos hablando de cuerpo de aguas públicos, abiertos, si se quiere, que no permiten nuestro control. Tanto los piscicultores colombianos, como tailandeses sufrieron las consecuencias de unos sucesos externos a sus explotaciones que los afectaron muchísimo desde el punto de vista económico, y más en el caso de los tailandeses que hacían parte de un grupo de damnificados del tsunami que estaban apenas levantándose de nuevo.

Esto permite una reflexión y es la de mirar de cerca la explotación acuícola y el grado de control que tenemos sobre ella. Si hacemos un paneo general, fácilmente llegaremos a la conclusión de que la piscicultura en nuestro país y en otras latitudes, aún tiene mucho que trabajar en este aspecto. Así como por fin hemos dado pasos hacia el valor agregado de los productos, igualmente es necesario avanzar en la transformación adecuada de los ambientes y de la cadena en general en orden a tener una actividad del todo confiable, tanto para los productores como para los consumidores.

El grado de riesgo que existe tanto para unos como para otros se observa cuando relacionamos éstos sucesos junto con el asunto del calentamiento global y la escasez de agua intensa en el verano reciente en nuestro país. Existen muchos aspectos de orden exógeno que están influyendo en la viabilidad de la actividad.

Siendo como es la acuicultura una de las apuestas productivas más importantes no sólo para Colombia sino tanto para los países latinoamericanos cercanos al Ecuador como para los países de las antípodas, Tailandia, Malasia, parte de China, Vietnam y otros, que utilizan sus ventajas comparativas de orden geográfico e hidrológico, el tema de la estabilidad y la confiabilidad de los sistemas de producción debe estar sobre la mesa.

La mayoría de estos países ecuatoriales ha aprovechado de manera decidida éstas ventajas, escasamente transformando la tierra en estanques para canalizar el abundante agua del terreno, o aprovechado represas y ríos para la producción. Y estos ambientes han estado al vaivén de los ciclos climáticos, la contaminación y de la misma competencia interna por el agua, ya que la deforestación ha sido un problema que ha estado lejos de ser asumido con seriedad y trabajado con políticas serias. Una mínima inversión para una máxima rentabilidad.





Pero como estos casos lo demuestran, esas mínimas inversiones tarde o temprano cobran su cuota. Cuando alguno de los eslabones de la cadena de producción no está alineado hacia la competitividad, vienen los desastres. Dentro de esos eslabones, uno de los más importantes es el ambiental. Un eslabón que tiene que ver en todo sentido con la sostenibilidad y rentabilidad del negocio. Un ambiente que no conocemos, controlamos y cultivamos nos provee muchos riesgos. Tanto la contaminación exógena de los cuerpos de agua como la dependiente de la misma actividad, son amenazas que aún no se trabajan para atenuarlas con un mínimo de seriedad. Las famosas Buenas Prácticas de Producción Acuícola hacen mucho énfasis en el bienestar de los animales, de los seres humanos que los aprovechan, la salubridad del producto y la claridad en el manejo de los recursos administrativos y de información. Y todo tiene que ver de manera transversal con el manejo del ambiente. No sólo en la piscicultura de manera aislada sino, como se manifestó antes, de toda la cadena.

En Tailandia, la sospecha de contaminación de las aguas por parte de las fábricas de las riberas del río Chao Phya, aún se cierne sobre el desastre, y en Betania, la escasa comunicación entre los administradores de la represa y los piscicultores, amen de la falta de un adecuado ordenamiento de la misma produjo un desastre descomunal que, si bien es cierto, en el gremio piscícola se veía venir, se sospechaba de otras causas: la insuficiente rigurosidad en el manejo de los peces con respecto a la calidad del agua que la represa ha ofrecido y el crecimiento sin planeación de la actividad. En un informe de la Cámara de Comercio de Neiva, se advertía ya la preocupación de los piscicultores con respecto al bajo nivel de la represa y se observaba con cierta impotencia las primeras mortalidades y los intentos de resolver con aireadores y bombas los problemas de oxígeno.

La falta de agua, la falta de control, de ordenamiento, de información, de implementación de las Buenas Prácticas de Producción Acuícola, nos hacen caer en cuenta que es hora de replantear muchas cosas sobre la acuicultura colombiana. Especialmente en lo que tiene que ver con sistemas de producción.

Recientemente vino a Villavicencio el experto internacional Sergio Zimmerman a dictar unas conferencias sobre la utilización de la tecnología del FLOC MICROBIANO, como una alternativa en el incremento de la producción, con reutilización de agua (habló de hasta recambios cada cinco años en algunos casos) en áreas pequeñas. Esta tecnología, que si bien es bastante nueva y no está aún del todo perfeccionada, podría brindarnos la oportunidad de hacer piscicultura en ambientes controlados, lejos de contaminación y desastres naturales, aprovechando al máximo la tierra y el uso del valioso líquido, el agua, que nadie cuida. Los usuarios de las cuencas sólo esperan el accionar policivo de las Corporaciones regionales y del Ministerio del Medio Ambiente, mientras la deforestación a borde de quebradas, en nacimientos, montañas y humedales se da sin mirar mucho de reojo si alguna autoridad ambiental está pendiente. Y resulta que ninguna Corporación ambiental, ninguna procuraduría, ninguna multa podrá detener las consecuencias de la falta de agua y el famoso calentamiento global, si no existe conciencia en cada persona, piscicultor, ganadero, avicultor, etc.

Es necesario que de manera inmediata los gremios levanten estas banderas, especialmente los de la acuicultura y de manera proactiva empiecen a generar sus propios programas de recuperación del agua, pero de manera consensuada y guiada por los expertos de las corporaciones. La iniciativa debe partir del sector productivo. Cuidar el medio, el agua, apuntarle a la tecnología y a la planificación, son prioridades para una actividad que está llamada a ser generadora de riqueza para el campo en los próximos cien años.
Enrique Torres Q.
Biólogo Marino

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